Cuando un empleador decide despedir a un trabajador, a menudo busca la vía que parece más directa. En Chile, una de las causales más invocadas es la de «Necesidades de la Empresa», pero existe una confusión fundamental que termina costando muy caro: se usa de manera errónea, sin acreditar los fundamentos que la ley exige.
Primero, aclaremos el marco legal. Artículo 161, Inciso 1 del Código del Trabajo.
Este artículo es, de hecho, una de las causales de despido más frecuentes. Según datos de la Dirección del Trabajo, en el último año (julio 2024 – junio 2025), esta causal representó el 18.3% del total de las cartas de término de contrato, posicionándose como la tercera causal más utilizada.
Solo es superada por el «Vencimiento del plazo del contrato» (40.3%) y la «Conclusión del trabajo o servicio» (20.3%). Esto la convierte, en la práctica, en la principal causal discrecional que activan los empleadores.
- El Error: Creer que es un «Comodín»
El problema de fondo es que muchos empleadores interpretan esta causal como un «comodín» o una salida fácil para desvincular a un trabajador que, por motivos de mal desempeño, falta de confianza o simple voluntad de cambio, ya no se desea en la empresa.
Sin embargo, la ley es estricta. Para invocar esta causal, el empleador debe probar que existen razones objetivas, serias y reales que hacen necesaria la separación del trabajador. Estas razones no pueden ser la mera voluntad del empleador o la simple baja productividad. Deben estar ligadas a factores como:
- Racionalización de la empresa.
- Modernización de los servicios.
- Bajas en la productividad (de la empresa, no del trabajador).
- Cambios en las condiciones del mercado o de la economía.
- La Consecuencia: Un Aumento Inmediato de los Costos
Aquí es donde el error se transforma en un problema financiero. Cuando esta causal se invoca «de manera errónea» —es decir, sin poder acreditar los hechos objetivos que la justifican— el trabajador despedido tiene el derecho a demandar por despido injustificado.
Si un tribunal laboral determina que el despido fue, en efecto, injustificado (porque no existían tales «necesidades de la empresa»), el empleador será condenado a pagar:
- La indemnización por años de servicio (que ya debía pagar).
- Un recargo legal del 30% sobre esa indemnización.
Es este recargo el que provoca la «alza en los costos del despido». Lo que buscaba ser un ahorro o una decisión rápida, se convierte automáticamente en un gasto adicional significativo, sin contar los costos del juicio y los honorarios legales.
- Conclusión: Asesorarse es Ahorrar
Invocar las «Necesidades de la Empresa» sin una asesoría legal laboral que valide la existencia real y objetiva de la causal, es uno de los errores más comunes y costosos en la gestión de personal. Es el clásico escenario donde «lo barato cuesta caro».
Antes de firmar esa carta, la pregunta que todo empleador debe hacerse no es si quiere despedir, sino si puede probar objetivamente las razones que la ley le exige.
Por ello, si decides despedir a un colaborador, te aconsejo que te asesores con expertos, quienes podrán justificar adecuadamente el despido o ayudarte a encontrar la manera de que esta decisión empresarial no perjudique a la empresa.

Deja un comentario